La Espondilitis Anquilosante

¿Qué es la espondilitis anquilosante?
La espondilitis anquilosante (su sigla en inglés es AS), es un tipo de artritis que afecta a la columna vertebral. "Anquilosante" significa "agarrotado" o "rígido", "espondil" quiere decir "columna vertebral" e "itis" hace referencia a una inflamación. La enfermedad produce inflamación de la columna vertebral y de las articulaciones grandes, que a su vez provoca rigidez y dolor. La enfermedad puede dar por resultado la erosión de la articulación entre la columna vertebral y el hueso de la cadera (la articulación sacroilíaca), y la formación de puentes óseos entre las vértebras de la columna vertebral, de manera que esos huesos queden fusionados. Además, también pueden fusionarse los huesos del pecho. Si bien no se conoce la causa de la AS, algunos investigadores le atribuyen cierto origen genético.

¿A quiénes afecta la espondilitis anquilosante?
La espondilitis anquilosante es más frecuente en los hombres jóvenes, entre los 20 y los 40 años de edad, y predomina más en los caucásicos (de raza blanca) que en los afroamericanos. La enfermedad afecta a unos 300.000 estadounidenses.

¿Cuáles son los síntomas de la espondilitis anquilosante?
Los síntomas de la AS tienden a aparecer y desaparecer por períodos de tiempo. A continuación, se enumeran los síntomas más frecuentes de la AS. Sin embargo, cada individuo puede experimentar los síntomas de una forma diferente. Los síntomas pueden incluir:

  • Dolor de espalda, que suele ser más intenso durante el descanso nocturno.

  • Rigidez por la mañana temprano.

  • Posición encorvada como reacción al dolor de espalda (al inclinarse hacia delante el dolor tiende a aliviarse).

  • Columna vertebral rígida e inflexible.

  • Incapacidad de respirar profundamente, si las articulaciones entre las costillas y la columna vertebral están afectadas.

  • Pérdida del apetito.

  • Pérdida de peso.

  • Fatiga.

  • Fiebre.

  • Anemia.

  • Dolor en las articulaciones.

  • Leve inflamación de los ojos.

  • Daño de algunos órganos, como el corazón, los pulmones y los ojos.

Los síntomas de la espondilitis anquilosante pueden parecerse a los de otras condiciones o problemas médicos. Siempre consulte a su médico para el diagnóstico.

¿Cómo se diagnostica la espondilitis anquilosante?
Además del examen y la historia médica completa, los procedimientos para diagnosticar la espondilitis anquilosante pueden incluir los siguientes:

  • Rayos X - examen de diagnóstico que utiliza rayos invisibles de energía electromagnética para producir imágenes de los tejidos internos, los huesos y los órganos en una placa.

  • Velocidad de sedimentación globular (su sigla en inglés es ESR)- medición de la rapidez con la que los glóbulos rojos caen hacia el fondo de un tubo de ensayo. Cuando hay hinchazón e inflamación, las proteínas de la sangre se agrupan y pesan más de lo normal. Por eso, cuando se las mide, caen y se depositan más rápido en el fondo del tubo de ensayo. Generalmente, cuanto más rápido se depositan las células de la sangre, más severa es la inflamación. Las personas que tienen AS suelen presentar una ESR elevada.

  • Exámenes genéticos - realizados para determinar si una persona lleva una copia de un gen alterado para una enfermedad determinada; se suele detectar la presencia del gen específico (HLA-B27) en el 90 por ciento de las personas que padecen AS.

Tratamiento de la espondilitis anquilosante:
El tratamiento específico de la espondilitis anquilosante será determinado por su médico basándose en lo siguiente:

  • Su edad, su estado general de salud y su historia médica.

  • Qué tan avanzada está la condición.

  • Su tolerancia a determinados medicamentos, procedimientos o terapias.

  • Sus expectativas para la trayectoria de la enfermedad.

  • Su opinión o preferencia.

No existe cura para la espondilitis anquilosante. Sin embargo, si se tratan los síntomas rápida y enérgicamente, es posible atenuar, e incluso prevenir, la incapacidad a largo plazo.

El objetivo del tratamiento de la AS consiste en disminuir el dolor y la rigidez, prevenir deformidades y mantener un estilo de vida lo más normal y activo posible. El tratamiento puede incluir lo siguiente:

  • Medicamentos antiinflamatorios no esteroides para disminuir el dolor y la inflamación.

  • El uso de corticosteroides durante períodos cortos para disminuir la inflamación.

  • El uso de relajantes musculares y medicamentos para el dolor durante períodos cortos para aliviar el dolor severo y los espasmos musculares.

  • Cirugía para reemplazar una articulación, colocar varillas en la columna o extraer parte de los huesos engrosados y endurecidos.

  • Mantener una postura correcta.

  • Hacer ejercicio de forma regular que incluya ejercicios para fortalecer los músculos de la espalda.

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Contenido Medico revisado en Mayo del 2001