¿Se ha roto el ligamento cruzado anterior? Estas son sus opciones de tratamiento
¿Se ha roto el ligamento cruzado anterior? Estas son sus opciones de tratamiento
La mayoría de las personas que se rompen el ligamento cruzado anterior (LCA o ACL, por sus siglas en inglés) describen ese momento de forma similar: un chasquido repentino, un dolor agudo y una rodilla que deja de funcionar casi de inmediato. Ese "chasquido" no es el desgarro de los nervios, sino el sonido y la sensación que produce la rotura del ligamento. El LCA contiene fibras nerviosas, por lo que la lesión envía una señal de dolor tan intensa e inmediata.
Entre los síntomas más comunes se incluyen:
- Dificultad para mantenerse de pie o caminar
- Sensación de inestabilidad en la rodilla o de que "se dobla"
- Hinchazón repentina (hemartrosis o hemorragia en la articulación)
En qué se diferencian las roturas del ligamento cruzado anterior (LCA) de otras lesiones de rodilla
Es cierto que otras lesiones de rodilla pueden resultar dolorosas, pero a menudo las personas son capaces de terminar un partido o una actividad antes de que aparezca el hinchazón más tarde. Las roturas del ligamento cruzado anterior suelen comportarse de manera diferente.
En caso de rotura del ligamento cruzado anterior:
- El dolor es inmediato
- La hinchazón aparece rápidamente (a menudo en cuestión de horas)
- La función se ve afectada de inmediato
Cuando se produce una lesión del ligamento cruzado anterior, este puede sufrir un desgarro parcial o total.
- Rotura parcial (esguince): el ligamento está dañado, pero sigue proporcionando cierta estabilidad.
- Rotura completa: el ligamento ya no es capaz de estabilizar la rodilla de forma eficaz.
Cuando el ligamento cruzado anterior (LCA) se rompe por completo, a menudo se recomienda la cirugía a las personas que desean volver a practicar deportes o actividades que impliquen cambios bruscos de dirección, giros o movimientos de corte.
Sus opciones de tratamiento tras una rotura del ligamento cruzado anterior
No todas las personas con una rotura del ligamento cruzado anterior necesitan una intervención quirúrgica inmediata. Las investigaciones indican que, en general, los pacientes se pueden clasificar en tres grandes grupos:
- Personas que se adaptan: Aproximadamente un tercio de las personas puede desenvolverse bien sin el ligamento cruzado anterior (LCA). Vuelven a sus actividades habituales sin que la rodilla se les doble.
- Personas que se adaptan parcialmente: Aproximadamente un tercio puede llevar una vida cotidiana normal y realizar actividades en línea recta (correr, montar en bicicleta y nadar), pero experimenta inestabilidad al practicar deportes que impliquen cambios bruscos de dirección o giros.
- Personas que no se adaptan: Aproximadamente un tercio experimenta inestabilidad incluso durante movimientos cotidianos, como bajar de un escalón o girar rápidamente.
No existe ninguna prueba, aparato ortopédico ni programa de fisioterapia que permita predecir con certeza en qué grupo se incluirá cada persona. A menudo, la única forma de saberlo es retomando gradualmente las actividades que le interesan y observando cómo responde la rodilla.
“Lo descubre por las malas", afirma Maak. "Hace lo que quiere y comprueba si la rodilla le falla".
Si decide no someterse a una intervención quirúrgica
Hay personas —incluso deportistas profesionales— que compiten con éxito sin ligamento cruzado anterior (LCA). Sin embargo, esto depende en gran medida de cómo se mueve su cuerpo y de la estabilidad que mantenga la rodilla.
Si opta por un tratamiento no quirúrgico, un especialista en ortopedia o medicina deportiva suele derivarle a fisioterapia para:
- Recuperar el movimiento. El primer objetivo es recuperar la extensión y la flexión completas de la rodilla para que coincidan con las del lado no lesionado.
- Reactivar los músculos clave. La inflamación tras una rotura del ligamento cruzado anterior (LCA) puede inactivar temporalmente el cuádriceps (un fenómeno denominado “inhibición muscular artrogénica”). La fisioterapia ayuda a reactivar el cuádriceps y los glúteos para mejorar el control y la estabilidad.
- Desarrollar fuerza y control. A medida que la inflamación remite y se recupera la fuerza, muchas personas pueden caminar con normalidad y empezar a trotar en unas pocas semanas. Las actividades de mayor intensidad se introducen de forma gradual.
Sin embargo, reanudar actividades que requieren un ligamento cruzado anterior (LCA) en buen estado sin contar con él conlleva riesgos. El LCA es el principal mecanismo de control de la traslación anterior y la inestabilidad rotacional de la rodilla. Sin él, otras estructuras —especialmente el menisco— pueden verse obligadas a compensar.
Si la rodilla se desplaza repetidamente:
- El menisco puede quedar atrapado entre los huesos
- Puede romperse al intentar estabilizar la articulación
- Una rotura de menisco suele requerir una reparación quirúrgica o una extirpación parcial
Las lesiones de menisco pueden acarrear consecuencias a más largo plazo que una rotura aislada del ligamento cruzado anterior. Incluso la extirpación de una pequeña porción del menisco aumenta el riesgo de desarrollar artritis en el futuro.
Si decide operarse
La reconstrucción del ligamento cruzado anterior (LCA) restaura la estabilidad mecánica de la rodilla y puede reducir el riesgo de sufrir lesiones adicionales, especialmente en personas activas. No obstante, no es obligatoria para todo el mundo: se trata de una decisión personal que depende de cómo desee vivir su vida tras la lesión.
La decisión puede depender de:
- Edad
- Frecuencia de los episodios de inestabilidad
- Nivel de actividad, profesión y objetivos de estilo de vida
- Riesgo de sufrir nuevas lesiones de menisco
“La reconstrucción del ligamento cruzado anterior (LCA) no es una intervención que salve vidas, sino que salva el estilo de vida”, afirma Maak. “Lo que el paciente desea recuperar es lo que guía la conversación”.
En niños, adolescentes y adultos jóvenes que tienen previsto mantenerse activos, una inestabilidad no tratada puede aumentar el riesgo de sufrir daños en el menisco y el cartílago con el paso del tiempo. Los deportistas que practican deportes que implican cambios bruscos de dirección y giros dependen en gran medida del LCA para mantener la estabilidad.
Recuperación tras una lesión del ligamento cruzado anterior
La recuperación de una rotura del ligamento cruzado anterior (LCA) va más allá de la simple cicatrización de un ligamento. Tanto la lesión como la cirugía pueden alterar los patrones de movimiento. Los músculos se adaptan para compensar, la coordinación cambia y recuperar la mecánica adecuada lleva tiempo.
El Programa de Resultados Clínicos en Investigación Ortopédica (COOR, por sus siglas en inglés) de University of Utah Health estudia cómo se mueven las personas antes y después de una lesión del LCA, así como tras la reconstrucción. Mediante tecnología avanzada de análisis del movimiento, los investigadores evalúan cómo se mueve una persona en comparación con los patrones de movimiento óptimos. Esto ayuda a explicar por qué los deportistas pueden sentirse “casi listos” y, sin embargo, seguir presentando desequilibrios sutiles que aumentan su riesgo de volver a lesionarse.
Independientemente del tratamiento que elija, la recuperación de una rotura del LCA es un proceso, no una decisión aislada. Tanto si la rehabilitación por sí sola le permite volver a practicar deporte como si la cirugía resulta ser el mejor paso a seguir, el objetivo sigue siendo el mismo: ayudarle a moverse con confianza, proteger su rodilla a largo plazo y volver a hacer lo que le apasiona.